
África. Esclavizada, colonizada, esquilmada y Resistente.
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Bélgica
El colonialismo que exterminó a la mitad de la población nativa.
La colonización belga tuvo la particularidad de que el Congo fuera el país elegido por el rey belga Leopoldo II para, al decir de este criminal embaucador, “ocuparse de erradicar la esclavitud y todo trabajo forzado”.
Desde una aparente filantropía benefactora, mandó a un explorador con el que obtuvo la confirmación de que sus proyectos personales e intereses comerciales merecían la pena. Bastó que su codicia fuera enmascarada con intenciones humanitarias para que las otras potencias europeas en la Conferencia de Berlín, le permitieran, a título personal, explotar esa parte del territorio africano que ellos se estaban repartiendo. En ese momento, con tanto territorio desconocido, parecía haber suficiente para todo depredador que lo solicitase.
En 1908, nuestro “filántropo” y la depredadora burguesía belga, usando crueles métodos de explotación de la población nativa, a la que obligaba a trabajar hasta la muerte y castigaba con amputaciones, había exterminado durante más de 30 años, a cerca de 10 millones de personas en su insaciable voracidad de beneficios. Para maquillar una barbarie que contaba con el beneplácito de los colonialistas europeos, la colonia pasó a ser administrada por el Estado belga; se aplicaron ciertas medidas de cara a la opinión pública, pero manteniendo el régimen de esclavitud y crueldad por lo que numerosas poblaciones se vieron obligadas a huir; otras fueron reducidas a esclavitud para la construcción de caminos y obras de infraestructura o para la extracción del caucho.

La “goma roja”, pasó a ser sinónimo de trabajo forzado, de hambre y de muerte. Pese a la más brutal represión no impidió el continuo surgimiento de manifestaciones de resistencia y rebeliones en gran número de etnias y tribus.
La población autóctona que trabajaba sobre todo en las minas y en las plantaciones, era dirigida por decenas de miles de colonos, granjeros o funcionarios belgas. Para 1941, alrededor de 15 millones de congoleños eran gobernados por unos 28.000 belgas y, en cuanto a extensión, el Congo Belga era 80 veces más grande que Bélgica.
Las sociedades privadas belgas inicialmente explotaron la riqueza del caucho y del marfil, hasta que desapareció el mercado para estos productos y se reorientaron hacía la minería en los territorios de Ruanda y Burundi, países que recibieron del reparto de las colonias alemanas tras su derrota en la I GM.
Durante la II GM, los congoleños que fueron enviados como soldados a reforzar los frentes del norte de África descubrieron la existencia de otras sociedades menos racistas, lo que favoreció la toma de conciencia y la lucha contra la discriminación racial una vez terminada la guerra.