Para formar parte integrante de la resistencia antifascista, hay que acabar con la propensión humanitaria en la que suelen incurrir todas las organizaciones de solidaridad y, por tanto, debemos explicar el origen, causa y naturaleza de la represión que padecemos, que no es otro que el régimen fascista que impera en España desde 1936 y cómo combatir esa represión.
La lucha antirrepresiva se enmarca dentro de un contexto de lucha contra el fascismo. Está entre nuestras tareas situar la lucha contra la represión en su justo y profundo contenido político, lo que nos lleva a asumir y apoyar unas reivindicaciones democráticas mínimas y tomar conciencia de que constituimos una parte misma del conjunto del movimiento revolucionario.
Precisamente, por el papel destacado en la lucha contra el terrorismo de Estado, el Socorro Rojo Internacional se aparta radicalmente de toda práctica contaminada por el reformismo y que se expresa a través de actitudes espontaneístas, desorganizadas, desvinculadas de objetivos concretos, que hacen inútil e inocua toda denuncia al régimen. Prácticas reformistas que tenemos la obligación de desenmascarar y liquidarlas del seno del movimiento.
En definitiva, estamos planteando el inevitable carácter político de la lucha antirrepresiva. La solidaridad con los presos, la denuncia del Estado, la lucha contra el terror fascista, simplemente, no puede hacerse desde una óptica «apolítica», al margen del compromiso que nos obliga a ligarnos con la misma resistencia, porque somos parte de esa resistencia. El movimiento antirrepresivo debe ser asumido como un frente de lucha más del conjunto del movimiento popular y revolucionario.
El Socorro Rojo Internacional tiene el cometido de organizar a amplios sectores populares en la denuncia al fascismo, del carácter cada vez más fascistizado de los estados «democráticos» y de los instrumentos («legales» e «ilegales») judiciales, policiales o legislativos (también económicos, sociales…) de los que se sirven para imponer sus planes de explotación y opresión y eliminar todo brote de disidencia o contestación. El Socorro Rojo Internacional debe ser un canal por el que despierte conciencias entre cada vez más amplios sectores de la población de que nadie en este contexto está libre de la represión.
Por ello mismo, debemos atrevernos a definir el Socorro Rojo Internacional como un instrumento que debe ser tomado como aglutinante de amplios sectores populares. Ya que sólo si el Socorro Rojo Internacional es un aglutinante, el brazo antirrepresivo del movimiento popular, que efectivamente organiza y canaliza la solidaridad con la resistencia, sólo entonces el Socorro Rojo Internacional será capaz de arrojar todo su potencial como una arma de denuncia política; sólo entonces cobrará sentido cuando decimos que es necesario que la lucha antirrepresiva sea concebida de forma unitaria, rompiendo sectarismos estériles y paralizantes, clarificando posiciones y capaz de actuar internacionalmente, de forma coordinada.
Los presos políticos desempeñan un papel fundamental en todo movimiento solidario. Pero no debemos tratarlos con victimismo y lamentándonos de su situación; no deben convertirse en sujetos de devoción que se puedan utilizar pero a quienes no se les tenga en cuenta. Es nuestro deber hacer que los presos revolucionarios tengan voz propia en el seno del movimiento, en la calle.
Como sujeto, los presos continúan ejerciendo su tarea militante. Entre nuestras principales labores está el exigir y conseguir su libertad, arrancarlos de las cárceles, pero debe ser esencial facilitar el máximo el contacto entre la calle y el interior de las cárceles. El preso también debe participar, como cualquier otro, en el debate político y nosotros garantizarle esta participación.
Debemos tener presente la condición de «presos políticos» de los militantes revolucionarios encarcelados, y la exigencia del reconocimiento de su condición es parte de la batalla política que debemos arrancar al Estado.